Dibujo para diseñadores industriales pdf

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Cómo acercarnos a las muestras de diseño? Qué relaciones dibujo para diseñadores industriales pdf presentar el arte y el diseño y cómo se les muestra?

Este trabajo intenta mostrar un panorama sobre el diseño como disciplina de estudio para la Historia del Arte, comenzando por las implicaciones del término, el contexto de origen y las vinculaciones con los movimientos artísticos de vanguardia, así como la polémica arte-diseño que dio origen a la disciplina y que se ha extendido a lo largo del siglo XX. Tec de relaciones entre diseño, arte y tecnología. Por último, partiendo de dos proyectos interdisciplinarios desarrollados recientemente en la ciudad de Mérida: Gris y Ciudad, se plantea la integración de la historia del arte, el diseño y las artes visuales como propuesta práctico-conceptual, desarrollada ante las necesidades particulares de las disciplinas, del contexto y de la práctica de cada una de ellas. Con estos aspectos, se pretende crear un panorama del diseño como fenómeno abierto y relacionarlo con la historia del arte, a través de las vinculaciones posibles con el arte, los museos y las exposiciones como experiencias que le vinculan con concepciones estéticas de cada momento, y sobre todo, trasladar las relaciones a nuestro contexto más cercano a través de los proyectos recientes como Gris y Ciudad, de integración arte-diseño en la ciudad de Mérida. 1 Diseño: Origen del término y de la disciplina. Contexto histórico y cambio de concepciones hasta el siglo XIX.

El término Diseño, se presta a numerables acepciones. Vasari, lo relaciona con la forma mental a través de la cual el artista modela su obra con el disegno, mientras que la idea y la forma se realizan con el dibujo. En el contexto del siglo XVIII existía una confianza generalizada en el poder de la razón, en la ciencia, en los adelantos que se estaban generando a nivel tecnológico y en los cambios sociales derivados de la Revolución Industrial. Esta explosión maquinista trajo enormes resultados en todos los ámbitos sociales y culturales: por una parte el arte se defendía de los ataques de la industria contra la creatividad del ser único del objeto creado. Por otro, la artesanía, ante el advenimiento de la producción en masa, se proponía elevar la calidad técnica tomando del arte elementos para sus confecciones. El diseño no es arte: es proyecto de bienes de uso, de acuerdo con sus requerimientos económicos, constructivos, funcionales y estéticos, todos al unísono concebidos integralmente desde el comienzo. Es también importante en la historia del diseño porque aplica principios racionales al estudio del arte.

Hogart expone en ella de forma directa y sencilla el proceso por el cual ciertas formas nos resultan agradables y otras desagradables. La sugerencia implícita en su análisis es que el “arte” no se reduce necesariamente a la cultura tradicional. Es importante señalar otro elemento teórico tratado en su libro, al referirse a los productos de consumo y al fenómeno de las reproducciones de estatuas clásicas para atender la creciente demanda de ellas por parte de la clase media y que se encuentra entre los primeros “signos de gusto” del mundo moderno. En Gran Bretaña podemos encontrar los primeros bosquejos de lo que posteriormente comenzó a desarrollarse con mayor rapidez e innovación en el resto de Europa. A partir de este momento, arte e industria habían logrado congeniar con los nuevos procesos.

En este momento el diseño era una herramienta para la comercialización de los productos, basada en proveer los cánones del gusto de la época y concebidos a su vez como ideales de “buen gusto”. El gusto de la naciente burguesía de finales del siglo XVIII por las antigüedades, ya no complacía a la industria y en ese aspecto Alemania, Francia y Estados Unidos le llevaban la delantera a Gran Bretaña. La creación de nuevas y numerosas escuelas de diseño en ese país, nos da una idea de la concepción ornamental del diseño para ese momento. La crisis del gusto del siglo XIX, es una historia de conflicto y confusión que se desarrolló en todos los campos de la cultura. Los intentos filosóficos y artísticos de normar todos estos modelos, constituyen una parte fundamental de la historia del diseño durante el siglo siguiente. Las ideas de Pugin sobre el gusto, para esa época, fueron las que determinaron el surgimiento de nuevas expectativas para el diseño.

Pretendían que fuera una especie de “tableau vivant” pedagógico, una de las primeras exposiciones comerciales de importancia, sin embargo sus consecuencias fueron casi traumáticas. Una de las consecuencias de esta Exposición Universal, fue la necesidad de reconsiderar los principios estéticos que regían nuestras reacciones ante el diseño y el ornamento por separado. Las ideas de Pugin ejercieron una enorme influencia sobre William Morris y John Ruskin, iniciadores de este movimiento inspirado, por una parte, en una preocupación generacional por las teorías, la arquitectura y el diseño, y por otra, en la reacción ante las consecuencias de la máquina. Creían que el diseño debía fundarse en principios artesanales tales como la “fidelidad a la naturaleza” y la “adecuación al fin”. Este movimiento expresa ampliamente el cambio de siglo y la explosión de todas las formas del diseño.

Europa y, posteriormente, a Estados Unidos. Las ideas de progreso y las formas del arte del siglo XX dan testimonio de la importancia de esta transformación. La arquitectura moderna, el diseño industrial y gráfico, el surrealismo y el arte abstracto echan raíces en sus conceptos y teorías fundamentales. Esto determina un principio nuevo y que se agregará a la concepción del diseño: la unificación de la decoración, la estructura y la función. Este nuevo principio adherido a la idea que se gesta sobre el diseño, era el punto de vista de Henri Van de Velde, arquitecto del Art Noveau quien planteaba, entre otros elementos, que el ornamento no debía tener la función de decorar la forma sino estructurarla. Desde este momento, se redimesiona la concepción ornamental y se comienzan a tomar en cuenta principios racionalistas, donde la forma del objeto debía responder a sus condiciones de uso y a la técnicas empleadas para su fabricación. Todo cambio de siglo trae consigo repercusiones culturales y sociales fuertes.

Las primeras décadas del siglo XX fueron una época de efervescencia y cambios en todos los aspectos de la condición humana. En Europa, contexto originario de las vanguardias artísticas, la monarquía fue reemplazada por la democracia, el socialismo y el comunismo soviético. La representación de las apariencias externas no satisfacía las necesidades y la visión de la naciente vanguardia europea. Ideas elementales del color y de la forma, la protesta social, las concepciones de la teoría psicoanalítica y de los estados emocionales más íntimos, se apoderaron de muchos artistas. Ahora bien, con este cambio de siglo y el paulatino cambio de percepciones, la concepción del diseño va ampliándose y definiéndose a la vez.

El movimiento moderno, perfila y aplica conscientemente por primera vez el concepto de diseño, clave para solventar la vieja contradicción arte-industria y base para la cultura de los objetos de uso. Por supuesto, el deslinde envuelve no sólo problemas terminológicos. En torno a estas nuevas concepciones, surgen también nuevas relaciones con elementos ya considerados anteriormente, como el ornamento y el término moral y ahora racional del “buen diseño”. La excomunión del ornamento llevado a cabo por el funcionalismo y heredada de las polémicas del siglo anterior, fue llevada a cabo para consolidar la cultura de la industria que se había venido gestando. El diseño debía demostrar que las formas eran capaces por sí mismas, de una estética y simbología propia. Se piensa que el ornamento además de feo y anticuado es kitsch, portador de contenidos ideológicos negativos y sobre todo resulta antifuncional, antieconómico y antitecnológico, herencia de la tradición artesanal a la que tanto rehuían. El Movimiento moderno ha ensayado diversas formas, tanto en la teoría como en la práctica, de aplicar los principios integradores de belleza, técnica, funcionalidad y economía.